Rand Paul: ¿un republicano travieso de Comandante en Jefe?

Entre los —nada más y nada menos— diecisiete contendientes a la designación como candidato/a del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos, hasta ahora ha sido Donald Trump el que, de manera tan sorprendente como indiscutible, más ha destacado en los titulares. Aunque todavía es muy pronto y probablemente haya cambios importantes, a día de hoy su condición de outsider de la política o su absoluto desdén por muchas de sus costumbres establecidas (y en ocasiones por las mínimas normas de respeto o educación) le han aupado a lo más alto de las encuestas. La enorme atención mediática sobre Trump ha eclipsado a otros aspirantes que confiaban en sobresalir por ser diferentes de lo habitual. Quizá afectado por una sensación de habérsele birlado el papel que pensaba jugar en la campaña, uno de ellos se desmarcó en el primer debate republicano atacando a Trump con más ganas que cualquiera de los demás: Rand Paul.

El senador por Kentucky Rand Paul luce unos característicos rizos de color castaño claro, estudiadamente enmarañados, que le dan un aire no se sabe si de beatífico querubín o niño travieso de las películas. Su posición en el tablero del Partido Republicano —en el que, como Trump, aunque por razones diferentes, acostumbra a romper los esquemas más tradicionales de la vieja guardia— indica que en lo político tiene más de revoltoso que de cándido. Rand Paul confía en que su traviesa heterodoxia sea compatible, a ojos de los votantes en las primarias, con la condición de Comandante en Jefe y custodio de los códigos nucleares del Ejército más poderoso del mundo.


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Ted Cruz, el “pájaro loco” del Tea Party, quiere ser presidente

En Estados Unidos, hay dos tipos de senadores: los que se dedican a legislar y los que están en permanente campaña para ser presidente. El senador tejano Ted Cruz, concluía hace casi un año el autor de este magnífico perfil en The New Yorker, pertenece a la segunda categoría. El pasado 23 de marzo, Cruz confirmaba lo certero del diagnóstico al anunciar en la evangélica Liberty University (ante 11.000 estudiantes que, a pesar del nombre de la universidad, estaban obligados a asistir al acto bajo amenaza de multa) que competirá en las primarias del Partido Republicano para ser su candidato a la Casa Blanca en 2016.


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#VértigoTwitter

Sunil Tripathi (www.theaerogram.com)

Sunil Tripathi (www.theaerogram.com)

Ahora que ya han pasado varios días, me gustaría reflexionar sobre lo que ocurrió en Twitter la madrugada del 19 de abril durante la persecución de los que luego serían identificados como los terroristas de Boston. Concretamente entre las 2:43 y las 5:24 de la mañana, hora de la costa este de EE. UU. Durante este lapso de tiempo, al menos, el inocente Sunil Tripathi fue falsamente acusado del atentado con bomba de Boston —que causó tres muertos y cientos de heridos— y de la muerte a tiros de un policía.

Sunil Tripathi, estudiante de la Universidad de Brown de 22 años, desapareció de su casa en Providence (Rhode Island) el pasado 16 de marzo sin dejar rastro. Su familia le buscaba desesperadamente desde entonces. El 18 de abril, el FBI hizo públicas las fotos de los dos sospechosos del atentado de la maratón de Boston. Poco después, algunos usuarios de la red social Reddit empezaron a especular —sin ningún fundamento más allá de un cierto parecido físico— con la posibilidad de que Tripathi fuera uno de ellos. En la madrugada del 19 de abril, miles —si no decenas o cientos de miles— de usuarios de Twitter y otras redes sociales dieron por hecho, erróneamente, que era culpable.

La noche del 18 al 19 de abril yo estaba a punto de irme a la cama cuando leí en Twitter noticias de que había habido un tiroteo a las afueras de Boston. Un policía estaba gravemente herido (después moriría, lamentablemente). Que fuera en la misma ciudad donde tres días antes había habido un atentado terrorista, y unas horas después de que salieran a la luz las fotos de los sospechosos, despertó mi curiosidad. No puede evitar seguir los acontecimientos: después del tiroteo, leí informaciones sobre un coche robado, una persecución, lanzamiento de explosivos… Cada vez estaba más claro que todo ello tenía que ver con las bombas de la maratón, como se acabó por confirmar.

Algo antes de las tres de la madrugada empecé a ver tuits en los que se identificaba a Sunil Tripathi como uno de los terroristas del maratón de Boston a los que perseguía la policía. Alexis Madrigal, de ‘The Atlantic’, explica con detalle en este artículo cómo empezó a circular por Twitter el nombre de Tripathi —así como el de un probablemente inexistente Mike Mulugeta— a partir de un tuit de las 2:43 de la mañana del usuario @ghughesca. Éste —que desde entonces ha borrado su cuenta— escribió que la radio de la policía de Boston había transmitido esos dos nombres. Según Madrigal, nunca se pronunció el nombre de Tripathi ni ninguno que se le pareciera. Pero lo cierto es que la bola empezó a rodar, empujada por varios periodistas y, sobre todo, por la principal cuenta de Anonymous en Twitter: a las 3:00 @YourAnonNews, con más de un millón de seguidores, repitió la información falsa de @ghughesca en un tuit que recibió casi tres mil retuits (reenvíos), multiplicando su efecto. Para Madrigal sólo hay dos explicaciones: que mucha gente oyera en la radio de la policía lo que quiso oír, sugestionada por lo que ya se venía especulando en Reddit, o que todo esto sea una especie de engaño organizado por algún grupo desconocido.

Sea como fuere, yo no sabía nada de eso aquella noche. Alrededor de las 3:00 comprobé que el nombre de Sunil Tripathi se había convertido en trending topic (tendencia en Twitter). Sobre esa hora, Anthony De Rosa, editor de redes sociales de Reuters, tuiteó: “una fuente me proporcionó anteriormente el nombre de Sunil Tripathi”. Decenas de usuarios tuiteaban collages en los que se mostraba un parecido bastante razonable entre Tripathi y uno de los presuntos autores de las bombas del maratón identificados por el FBI. Según aseguraban varias cuentas de Twitter —entre ellas por ejemplo la de Russia Today, un “medio serio” con más de 450.000 seguidores— se había nombrado a Tripathi como sospechoso en la radio de la policía de Boston.

Todo parecía cuadrar. En mi sorpresa por que Reddit se hubiera adelantado al FBI en identificar a uno de los culpables de las bombas y por que Twitter desvelara su identidad antes que cualquier medio de comunicación “tradicional”, tuiteé lo siguiente:

Solo, frente a mi ordenador pasadas las 3:30 de la mañana, tuve por un momento la impresión de estar asistiendo a un episodio fundamental en la revolución digital y la batalla por definir la comunicación en el siglo XXI. Pero era sólo una impresión en medio de la vorágine tuitera: la palabra clave en mis tuits era “aparentemente” y en este caso, como se acabaría por demostrar, las apariencias engañaban. Cinco minutos después, compartí la siguiente reflexión:

Me debatía entre lo maravilloso de que las noticias fluyeran en tiempo real —a pesar de todo, esa noche Twitter fue en su mayor parte un medio de comunicación excepcional— y el peligro de que rumores infundados lo hicieran con la misma rapidez. Supongo que la mayor ventaja de Twitter —su inmediatez, su radical horizontalidad sin casi filtros— es a la vez su mayor defecto. Y ocho minutos más tarde, expresando mi estado de asombro y confusión, utilicé como hashtag (etiqueta de Twitter que empieza por el símbolo “#”) la expresión que da título a esta entrada:

Poco después, el vértigo se convirtió en caída al vacío. A las 5:24 de la mañana, NBC News tuiteó la siguiente información: “las especulaciones de que uno de los sospechosos por las bombas es un estudiante desaparecido no son correctas”. Poco después se confirmaba que Reddit y Twitter se habían equivocado de lleno. (El director general de Reddit tuvo que escribir unos días después esta disculpa en el blog de la empresa). El desaparecido Sunil Tripathi no tenía nada que ver con el atentado de Boston. Su  familia, que llevaba más de un mes buscándolo, había tenido que sufrir durante interminables horas las falsas acusaciones, además de los insultos y amenazas en la página de Facebook que gestionaban para ayudar con la búsqueda, que tuvieron que cerrar momentáneamente. Como si no tuvieran ya bastante. Angustia sobre angustia. Por desgracia, además, unos días más tarde el cuerpo sin vida de Tripathi fue encontrado en las aguas del puerto de Providence. (Amy Davidson, de ‘The New Yorker’, escribió este sentido homenaje para Sunil Tripathi y su encomiable familia, al cual me uno).

La historia de cómo aquella noche Twitter fabricó de la nada, con la ayuda de Reddit, un sospechoso falso debería servirnos a todos de lección. Conviene tomarse periódicamente una pastilla de mesura —en momentos de crisis, doble— para combatir los peligros del #VértigoTwitter y poder disfrutar de sus ventajas con mayor cuidado, especialmente cuando mencionemos a personas ajenas. Lo que se dice en las redes sociales tiene efectos en la “vida real” y, como demuestra el caso de Sunil Tripathi, a veces muy perniciosos.

La “senadora roja” empieza fuerte

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Elizabeth Warren durante una audiencia del Comité Bancario del Senado de EE.UU., en Washington, el 14 de febrero de 2013 (Andrew Harrer/Bloomberg)

Elizabeth Warren, la “gran dama” de la izquierda estadounidense, no ha dejado indiferente a nadie en su estreno este jueves como miembro del Comité Bancario del Senado. El implacable interrogatorio de la senadora demócrata a los principales reguladores financieros de Estados Unidos ha triunfado en los medios por la claridad y potencia de su discurso —que ha contrastado con la debilidad de las respuestas de sus interrogados—, ha aterrorizado a los bancos y ha hecho las delicias de sus seguidores. Ed Schultz, uno de los presentadores estrella de la cadena progresista MSNBC, se ha preguntado: “¿Se imaginan cómo sería nuestro país si tuviéramos 60 senadores como Elizabeth Warren?”

Warren, que tomó posesión como senadora en enero tras ganar su escaño por Massachusetts en las elecciones de noviembre pasado, participaba en una sesión dedicada a la protección de los consumidores e inversores en el marco de la reforma de Wall Street. Ante el panel de senadores se sentaban siete testigos, entre ellos la presidenta de la ‘Securities and Exchange Commission’ (equivalente a la CNMV española) o uno de los miembros del consejo de gobernadores de la Reserva Federal.

La senadora ha comenzado su intervención exponiendo una preocupación: si las grandes instituciones financieras “pueden saltarse la ley, ganando miles de millones de dólares por ello” y, luego, para evitar el juicio llegan a acuerdos extrajudiciales en los que pagan multas provenientes de esas mismas ganancias, estas instituciones “no tienen mucho incentivo para actuar de acuerdo a la ley”. Además, ha añadido Warren, de esta manera los bancos se ahorran días y días de testimonios públicos sobre las irregularidades que han estado cometiendo.

Tras esta introducción, la senadora Warren ha querido saber cómo de “duros” son los reguladores con los bancos, cuánta “influencia real tienen en los acuerdos extrajudiciales”, y para ello les ha hecho a todos los testigos una simple pregunta: “¿Podrían hablar sobre la última vez que llevaron a un gran banco de Wall Street a juicio?”

Silencio absoluto.

Cuando lo ha roto Thomas Curry, el máximo responsable de la agencia gubernamental que se encarga de la supervisión bancaria, lo ha hecho visiblemente nervioso, para explicar algunas generalidades sobre la función de su agencia. Warren le ha interrumpido repitiéndole la pregunta, a la que Curry ha acabado por contestar, aturdido, que no han llevado a juicio a ningún banco. Después ha probado suerte Elisse Walter, la presidenta de la CNMV estadounidense, y ha ocurrido lo mismo: Warren ha interrumpido su intento de esquivar la pregunta y Walter ha tenido que terminar por decir que no lo sabía, que necesitaba tiempo para buscar la “información específica”.

Después, la senadora Warren ha retado a los otros cinco testigos a explicar cuándo fue la última vez que llevaron a un gran banco a juicio. Ninguno ha abierto la boca, lo que ha dado pie a que Warren expusiera su conclusión: “Hay fiscales por ahí estrujando a ciudadanos comunes todos los días, por cosas a veces muy pequeñas, y llevándolos a juicio con intención ejemplarizante… Me temo que “too big to fail” (demasiado grande para quebrar) se ha convertido en “too big for trial” (demasiado grande para un juicio). Esto me parece simplemente injusto.”

Elizabeth Warren, una catedrática de Derecho en Harvard, adquirió fama nacional en 2010 cuando el presidente Obama la nombró asistente especial para el establecimiento de la Oficina de Protección Financiera al Consumidor. Si no fue la primera directora de esta Oficina fue por la oposición del lobby financiero y los congresistas republicanos. En septiembre de 2011, Warren anunció que se presentaba a las elecciones de noviembre de 2012 al Senado por Massachusetts, para recuperar para los demócratas el escaño del fallecido Ted Kennedy, el “León del Senado”, que había sido un icono de la izquierda liberal estadounidense durante casi 47 años de ejercicio del cargo.

El contrincante de Warren fue Scott Brown, que en la elección especial celebrada en 2010 tras la muerte de Ted Kennedy había logrado ser el primer republicano en ser elegido senador por Massachusetts desde 1972. La contienda entre Warren y Brown fue una de las más seguidas e igualadas de la campaña electoral de 2012.

Warren en seguida se ganó el apoyo de los grupos más progresistas, con un discurso claramente situado en la izquierda del Partido Demócrata, incluso con reminiscencias del movimiento ‘Occupy Wall Street’, en el que denunciaba que el sistema estaba “amañado” a favor de los más ricos —en contra de la clase media— y defendía la necesidad de pedir cuentas a los bancos y “equilibrar el terreno de juego”. Wall Street, que ya la veía con reticencia, la declaró su bestia negra e hizo todo lo posible por que perdiera, inundando de millones a su contrincante, Scott Brown. Éste, que se presentó como un republicano moderado y un tipo normal que gustaba de pasearse con su camioneta ‘pick up’, recibió seis millones de dólares de la industria financiera, de seguros e inmobiliaria, frente a sólo medio millón que fueron a parar a Warren.

A pesar de todo, Elizabeth Warren se hizo con la victoria con un 53’7% de los votos, convirtiéndose en la primera mujer en ser elegida como senadora por Massachusetts. Sin haber cumplido dos meses en Washington, ya suena como posible candidata a la presidencia en 2016. Probablemente su progresismo sin complejos sea demasiado difícil de digerir para el votante medio estadounidense, pero hay dos cosas seguras: el antiguo escaño de Ted Kennedy está en buenas manos con Warren y, si atendemos a su estreno en el Senado, los bancos de Wall Street tenían razones para temerla.

Obama tiene un plan

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Barack Obama, durante su discurso sobre el estado de la Unión en el Congreso de EE. UU. en Washington, el 12 de febrero de 2013 (www.uptownmagazine.com)

Esta noche, durante su discurso sobre el estado de la Unión, Barack Obama ha presentado una lista de propuestas concretas para reforzar la clase media y “completar la tarea” de hacer el sueño americano accesible para todos los ciudadanos sin distinción. Si el pasado 21 de enero, en su ceremonia inaugural, el presidente apeló a la retórica con un discurso grandilocuente, de principios puramente progresistas y cargado de lírica, hoy Obama ha bajado a la tierra para, de manera más prosaica, ofrecer la letra pequeña de su plan: en síntesis, reducción equilibrada del déficit, reactivación económica, lucha contra el cambio climático, reforma migratoria y control de armas.

A las 9:09 de la noche, el ‘Sergeant at Arms’ de la Cámara de Representantes (un ujier con funciones protocolarias) anunciaba la entrada del presidente de los Estados Unidos. Como una estrella de rock, Obama recorrió la distancia que le separaba del estrado saludando a los congresistas, senadores e invitados, repartiendo abrazos y sonrisas y levantando el pulgar en señal de aprobación. Como arranque de su discurso, aludió simbólicamente a una frase de Kennedy, para decir que los partidos Demócrata y Republicano deben ser “socios para el progreso”. Quizá para compensar el tono partidista de su alocución inaugural de hace unas semanas, el presidente afirmó que mejorar el estado de la Unión es “una tarea de todos”.

Obama señaló que actualmente en Estados Unidos hay varias señales de progreso —entre otras, el fin de una década de guerras, la mejora de la Bolsa o el aumento en las ventas de coches—, pero recordó que queda mucho por hacer, como demuestra el número de personas buscando trabajo o que los beneficios empresariales estén por las nubes y los salarios por los suelos. Por tanto, el presidente apeló a poner “el interés de la nación por encima del de partido” y llegar a acuerdos razonables. Desde luego, Obama tendrá que buscar estos acuerdos con una Cámara de Representantes dominada por los Republicanos para sacar adelante sus propuestas.

Por ejemplo, acerca del déficit, que tanto preocupa a los Republicanos, Obama reconoció la necesidad de hacer una “reforma modesta” en el terreno de las prestaciones sociales para asegurar la sostenibilidad del sistema, al modo de lo que ha ocurrido en España y otros países europeos con las pensiones. Sin embargo, aseguró que cualquier reforma fiscal, para ser equilibrada, debe exigir un esfuerzo extra a los más ricos. Recalcó el presidente que tanto Republicanos como Demócratas tendrán que renunciar a algunos de sus objetivos para alcanzar un compromiso antes del 1 de marzo, y así evitar el temido “sequester”, los recortes automáticos de gasto que se producirían por ley en esa fecha en caso de falta de acuerdo y que afectarían gravemente a la economía estadounidense y mundial.

Sin embargo, “la reducción del déficit por sí misma no es un plan económico”, recordó Obama en una frase que muchos desearían escuchar a los principales dirigentes europeos. Por ello, el presidente defendió la necesidad de traer puestos de trabajo de vuelta a EE.UU. —ante la sonrisa del consejero delegado de Apple, presente en la sala en lo que pareció una cuña publicitaria, Obama anunció que la empresa fabricará ordenadores Mac en suelo estadounidense— y presentó un plan de inversión para renovar “70.000 puentes con deficiencias estructurales” y otras infraestructuras.

Mencionó también Obama la lucha contra el cambio climático, y anunció planes para desarrollar las energías renovables y reducir a la mitad durante los próximos veinte años la energía que se malgasta en hogares y negocios. Siguiendo con su batería de medidas algo inconexas, el presidente habló también de educación: pidió a las universidades que reduzcan los precios de las matrículas y —en línea con lo que logró con la sanidad en la pasada legislatura— propuso la universalización de la educación preescolar.

Sin embargo, el aplauso más estruendoso se escuchó cuando Obama habló de su propuesta de “reforma migratoria exhaustiva”, que resumió en tres puntos: mayores controles fronterizos —con “más botas en la frontera sur que nunca”—, un “camino responsable” para que los inmigrantes ilegales accedan a la ciudadanía —que requeriría revisión de sus antecedentes, saber inglés y pagar impuestos, entre otros requisitos— y asegurar que EE. UU. atraiga a los mejores emprendedores e ingenieros extranjeros.

Quizá la propuesta más puramente progresista de Obama fue su anuncio de que pretende subir el salario mínimo federal a 9 dólares la hora, o unos 13.920 euros al año (en España el salario mínimo interprofesional para 2012 fue de 8.979,60 euros anuales). También afirmó que este año otros 34.000 soldados se retirarán de Afganistán, y que el año que viene la guerra habrá terminado.

En política exterior, Obama se mostró bastante cauto y aportó pocos titulares más allá de un compromiso de “mayor transparencia” en el asunto de las ejecuciones selectivas con “drones” o aviones no tripulados. Afirmó que hará “todo lo necesario” para evitar que Irán alcance la bomba atómica y no ofreció ninguna solución nueva para los casos de Corea del Norte y Siria. Eso sí, hizo una mención al futuro acuerdo de comercio transatlántico entre EE. UU. y la U.E., que podría beneficiar considerablemente a ambas economías.

El momento más emotivo del discurso llegó al final, cuando Obama abordó el tema del control de armas, tan sensible en EE. UU. Defendió su propuesta de controles universales de antecedentes para los compradores y la prohibición de venta de armas de asalto diseñadas para la guerra, y ante numerosas víctimas de tiroteos que se encontraban en la sala como invitados, puestas en pie y vitoreando —entre ellas los padres de Hadiya Pendleton, una niña de 15 años que actuó en la ceremonia inaugural de Obama en enero y que fue tiroteada y asesinada la semana pasada—, exhortó a los miembros del Congreso a abordar el asunto sin dilación, diciendo: “Gabby Giffords —la ex congresista que sobrevivió a un atentado con arma de fuego, también presente—, las víctimas de Newtown, las de Aurora… merecen una votación.”

Tras acabar su discurso, Obama se retiró como había llegado: agasajado por todos y firmando autógrafos como la celebridad que sin duda es. Ahora bien, con una Cámara de Representantes de mayoría republicana, está por ver que su indudable tirón mediático se traduzca en la aprobación de la batería de propuestas que esta noche ha ofrecido a los estadounidenses.