¿Quién vota a quién en Estados Unidos?

La favorita Hillary Clinton domina la carrera por la nominación demócrata, habiendo ganado en 18 de los 32 estados que han votado hasta ahora. El aspirante Bernie Sanders se ha hecho con los 14 estados restantes.

Sanders ha planteado mucha más batalla de la que se podía imaginar al principio de la campaña. Cuando el senador por Vermont anunció en primavera del año pasado que se presentaba, gran parte de la ciudadanía estadounidense ignoraba quién era y qué proponía. Las encuestas otorgaban una amplísima ventaja a Clinton, mucho más conocida y a la que muchos daban ya por presidenta. Sanders ha ido recortando distancias desde entonces, hasta convertirse en una amenaza real para la ex secretaria de Estado.

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El ciclón de Donald Trump ha barrido 20 estados y domina con comodidad −para éxtasis de sus seguidores y espanto de casi todos los demás− la carrera por la nominación republicana. El único candidato que ha logrado arrebatarle más de un estado es Ted Cruz, que se ha impuesto en nueve y se perfila a día de hoy como la alternativa al multimillonario. El candidato John Kasich aguanta en liza por los pelos, habiendo ganado solo en su estado de origen, Ohio.

Las primarias republicanas están siendo una auténtica escabechina, que está haciendo trizas casi todos los esquemas que los conservadores daban por hechos y, de paso, la unidad del propio partido. Cuando en junio de 2015 Trump anunció que se presentaba, bajando de manera surrealista por las escaleras mecánicas del rascacielos que lleva su nombre en la Quinta Avenida de Nueva York, su candidatura parecía una broma. Nueve meses después, es el aspirante republicano con más votos y la derecha estadounidense está patas arriba.


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Michael Moore propone “invadir” Europa y conquistar su modelo social

Si Michael Moore no existiera, habría que inventarlo. El orondo cineasta, oriundo de Flint (Michigan), se desenvuelve como nadie en el papel de sarcástico ‘follonero’ de la izquierda estadounidense y voz impertinente de la conciencia crítica del país. La película que le valió un Oscar y le lanzó a la fama mundial, Bowling for Columbine (2002), en la que fustigaba la cultura de las armas en Estados Unidos, marcó un estilo audiovisual y un tono mordaz en los que ha incidido en su filmografía posterior. En 2004 ganó la Palma de Oro en Cannes con Fahrenheit 9/11 (2004), el documental más taquillero de la historia. Sin embargo, esta crítica descarnada de George W. Bush y su “guerra contra el terror” fracasó en su declarado objetivo de que Bush perdiera las elecciones ese año.

En este 2016, también electoral, Moore llega a los cines con Where to Invade Next, preguntándose qué parte del mundo debería EE. UU. invadir, a lo que responde: “Invadamos” Europa para quedarnos con su modelo social. El autor quiere hacer ver que el Estado del bienestar europeo mejora la vida de los ciudadanos y es perfectamente exportable al otro lado del Atlántico. Un mensaje especialmente relevante en plena temporada de primarias, en la que el modelo socioeconómico estadounidense está siendo sometido a debate, en particular por el candidato demócrata Bernie Sanders. De hecho, Sanders —al que Moore ha apoyado públicamente— propone que EE. UU. adopte políticas clásicas del Estado del bienestar, como la educación y sanidad públicas y universales.


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Hillary en cabeza, Bernie a rueda

El martes fue el día grande de las ‘fiestas’ de las primarias en Estados Unidos: el supermartes. Hasta ahora, sólo habían votado los residentes de cuatro de los cincuenta Estados de la unión: Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del Sur. Tras el supermartes, de golpe tenemos resultados en once Estados adicionales. En un sólo día se reparten aproximadamente un cuarto de los delegados que acudirán a las convenciones del próximo julio para elegir candidato (o candidata) oficial de cada partido a la Casa Blanca. Cualquiera que quiera llegar a ser presidente tiene que dar la cara en el supermartes. Y lo cierto es que los líderes de las encuestas en cada uno de los dos partidos (la demócrata Hillary Clinton y, aunque parezca mentira, el republicano Donald Trump) han cumplido: cada uno de los dos ha ganado siete Estados.


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