Yoani en Nueva York

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Yoani Sánchez en un debate sobre libertad de expresión en la sede del periódico O Estado de S. Paulo (www.infolatam.com)

Se llama Yoani Sánchez. Tiene aspecto de mujer frágil, delicada, vulnerable, pero no es ninguna de estas cosas. Más bien al contrario, tiene la firmeza serena de aquellos que se han propuesto seriamente una misión y no se separan un milímetro de ella a pesar de las dificultades. Como una corredora de obstáculos a la que empujaran a cada rato, cayéndose en las fosas y contra las vallas, y que se levantara cada vez con la misma fuerza de voluntad y la misma sonrisa en la cara. Su calma y determinación se reflejan en su hablar dulce y su discurso preciso. Sus ojos oscuros brillan con vigor y su pelo negro y ondulado, muy largo, le cae mucho más allá de los hombros. Es probablemente la opositora a la dictadura castrista que, viviendo en Cuba, es más conocida a nivel internacional. Sus fosas y vallas son los “actos de repudio”, acosos, amenazas, detenciones y restricciones de todo tipo que sufre regularmente por parte del régimen cubano.

Yoani Sánchez empezó a escribir su blog, Generación Y, en abril de 2007, como una manera de evadirse de una realidad que le asfixiaba. El blog le sirvió de catarsis frente a la frustración que la falta de libertades y las carencias económicas en Cuba le causaban. Sus descripciones del día a día en la isla empezaron a llamar la atención dentro y fuera del país. Tanto fue así que al año más o menos de su primera entrada, el régimen decidió bloquear el blog para sus ciudadanos (lo desbloqueó en febrero de 2011). Yoani Sánchez tuvo que continuar con la ayuda de amigos del exterior que colgaban los textos que ella les enviaba. Para entonces el blog ya se había convertido en un fenómeno internacional y su autora empezó a recibir invitaciones para recoger premios y participar en eventos en el extranjero. Pero cada vez que lo intentó, el gobierno cubano le impidió salir del país. Tras varios años de negativas, Yoani Sánchez por fin consiguió el permiso en febrero de este año, cuando inició un viaje que está en marcha en estos momentos y le llevará a varios países de Europa y América.

El pasado sábado Yoani Sánchez participó en un coloquio en Nueva York sobre redes sociales y cambio político, organizado por dos universidades de la ciudad. Formó parte de un panel con otros tres expertos, pero todo el acto giró en torno a ella, desde que llegó —en el último momento, por cuestiones de seguridad—, hasta que se fue, también apresuradamente y acompañada para protegerla de posibles incidentes. Su intervención se centró en la llamada “Operación Verdad”, el programa organizado por la dictadura cubana para luchar contra la disidencia en Internet, y se basó en el testimonio de Eliécer Ávila, antiguo responsable del programa ahora convertido en opositor al régimen al que Sánchez ha entrevistado para su blog.

Yoani Sánchez explicó cómo el gobierno cubano cuenta con “soldados cibernéticos” a los que paga por dedicarse a tiempo completo a hackear páginas opositoras, publicar en Internet comentarios denigrantes contra los disidentes y crear blogs falsos. Incluso han llegado a crear un grupo de cuentas de Twitter para contrarrestar la “tuitófera” de poco más de 120 cubanos que tuitean desde la isla: lo que Yoani Sánchez denominó la “contratuitófera”. Para el gobierno de Cuba, afirmó Sánchez, Internet es “un campo de batalla ideológica en el que, como en cualquier batalla, hay que aniquilar al enemigo”. En esta “ciberguerra”, prosiguió, los peones del oficialismo son exhortados a “contestar sin leer” lo que dicen los opositores, y siempre con “insultos, no con argumentos”.

Tras esta intervención se produjo un interesante turno de preguntas (eso sí, por escrito, para evitar tensiones). Se acusó a Yoani Sánchez de recibir dinero del Departamento de Estado de EE. UU. Ella no lo negó, limitándose a señalar que aceptar fondos de un gobierno extranjero no te convierte en su esclavo. Siendo esto cierto, este bloguero humildemente piensa que por cuestiones de imagen sería más inteligente rechazar estos fondos. Sobre todo de cara a su credibilidad dentro de la isla. También se le preguntó a Yoani Sánchez si alguna vez había tenido la oportunidad de mantener un diálogo “medianamente racional” con alguien “cercano al régimen cubano”. Sánchez dijo que nunca —lo que es difícil de creer—, que todo son insultos, y explicó que lo que más parecido que ha tenido fue un intercambio con Mariela Castro, hija del actual presidente Raúl Castro, en el que esta última le faltó al respeto.

En este momento una mujer del público empezó a gritar que esto era mentira, que ella había escuchado el intercambio entre Mariela Castro y Yoani Sánchez y que las cosas no habían sucedido como contaba esta última. A la vez, un chico se levantó de su asiento y, también a voz en grito, empezó a apoyar las protestas de la mujer del público. Inmediatamente después, cinco o seis personas repartidas por diferentes puntos del auditorio se levantaron como resortes para mostrar carteles contra Yoani Sánchez y a favor del régimen cubano, todos iguales, que traían preparados de casa. Se trataba evidentemente de una estrategia coordinada para reventar el acto. Una señora que estaba sentada justo delante de este bloguero —y que por cierto estuvo durante todo el evento grabando metódicamente cada una de las intervenciones de Yoani Sánchez con su teléfono móvil— empezó a corear con el resto de agitadores “¡Viva Cuba revolucionaria!”. Otros contestaron con “¡Yoani, Yoani!”. Con gritos y discusiones pasaron unos cinco minutos.

Cuando por fortuna se pudo retomar el coloquio, la moderadora elogió la paciencia y serenidad de Yoani Sánchez —que pese a todos los ataques había permanecido plácidamente en su sitio con una sonrisa—, a lo que la mayoría del público respondió con un fuerte aplauso. Hubo tiempo para tratar algunos otros temas interesantes. Sánchez afirmó que, pese a que se opone al embargo de EE. UU. contra Cuba (conocido en la isla como el bloqueo), no pensaba reclamar su levantamiento durante su visita al Congreso en Washington. Según dijo, su papel no es reclamar nada, sino contar la realidad de la isla. Pero teniendo en cuenta su rol de activista —que a pesar de sus palabras, lleva inherentemente asociado el concepto de reclamación—, parece claro que para ella hay reclamaciones apropiadas y otras que no lo son, al menos en este momento.

En conexión con lo anterior, al final del coloquio alguien preguntó por qué Yoani Sanchez, como periodista que es —ejerce entre otras cosas de corresponsal de ‘El País’ en La Habana— no es más objetiva en sus textos e intervenciones: por qué se limita a hablar de los problemas de Cuba y no habla de sus logros, como la educación o la sanidad. Sánchez contestó que sentía que era su obligación periodística hablar de asuntos que la prensa oficial lleva décadas silenciando. Es una buena respuesta. No en vano, Yoani Sánchez es muy inteligente, rápida de reflejos y magnífica oradora. Sería extraordinario que fuera además algo más equilibrada o imparcial en sus apreciaciones. Ahora bien, visto un ejemplo de la presión y acoso a la que está sometida incluso en Nueva York —imaginen en Cuba— uno duda mucho que sea justo exigirle la misma ecuanimidad que tan cómodamente pueden ejercer aquellos que disfrutan de libertad de expresión.

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4 comentarios el “Yoani en Nueva York

  1. VP dice:

    No me creía una entrada tuya alabando sin matices a la disidencia cubana… y con razón, ¡porque los matices acabaron apareciendo al seguir leyendo párrafos! Solo dos pares (de cositas):

    1. ¿Cómo que “es difícil de creer” que no quisieran tener desde el régimen —dictatorial— una conversación civilizada con la Sra. Sánchez? ¿Si es una dictadura que la atosiga continuamente, la misma que provoca el “accidente” de Payá y manda a todos a guardar silencio? Las dictaduras de izquierdas son menos dictaduras, según parece… Muy triste. Claro que luego nos llega ‘El País’ para machacar al personal con que las cartillas son un signo de la igualdad que trajo la revolución… Te dejo dos enlaces diferentes cogidos de internet. ¿Cuántas cartillas podría comprar el ex-falangista Cebrián con sus 12 millones de euros o los que sea que robe, digo, gane, al año? http://lacomunidad.elpais.com/antonio-pampliega/2009/8/18/las-cartillas-racionamiento-hambre-y-crisis-economicahttp://elpais.com/diario/2009/10/17/internacional/1255730413_850215.html

    2. Todo “activista” no reivindica ni mucho menos todas las cosas, algo por otra parte imposible. Es más, a mi juicio se caracteriza por todo lo contrario, por poner el acento en lo que le interesa, y en lo que no, no. Un activista que reivindique, por ejemplo, la libertad del Tíbet, no va a poner el acento en los lazos que les unen con China —que haberlos, haylos—. Es más, si pensamos en la figura activista viva más (re)conocida, Nelson Mandela, verás que aún con su grandiosa generosidad, pasó por alto cuestiones tales como los crímenes perpetrados por la organización que dirigía de joven, y en los que incluso llegó a participar. Igual que no recalcó que tuvo que compartir el Nobel de la Paz —y nuestro Príncipe de Asturias— con De Klerk, pese a que evidentemente era a Mandela a quien se quería premiar. Por otro lado, fíjate, igual hasta no es tan descabellado que se le de algún día el nobel —en minúscula está mucho mejor— a Otegui —también mucho mejor en minúscula—, el “Mandela de Elgóibar”.

    3. Estoy también bastante harto del mito de la grandeza de la educación y la sanidad cubanas. Te dejo un enlace, es de hace dos días: http://www.abc.es/internacional/20130317/abci-falso-mito-sanidad-cubana-201303161813.html.

    4. Lo de contratar gente para intoxicar en Internet no es solo propio de gobiernos dictatoriales de repúblicas bananeras. También ocurre en España. Claro que cada vez tengo menos claro en qué nos diferenciamos de ellas. Debe de ser en que aquí hay una monarquía, y plátanos de Canarias. Pero vistas desde lejos debe de ser difícil diferenciarlas.

    Salud y… monarquía platanera.

    • alexrdf dice:

      Gracias por comentar, VP. Y aunque sea con prejuicios —y para confirmarlos, según parece—, por leer hasta el final. Algunas puntualizaciones:

      1. Escribo que se le preguntó a Yoani Sánchez si alguna vez había tenido la oportunidad de mantener un diálogo “medianamente racional” con alguien “cercano al régimen cubano”. Sé muy bien cómo fue la pregunta, porque la hice yo. Y digo que me resulta difícil de creer que “nunca” haya ocurrido esto. Es probable que no haya sido posible con gente “del régimen”, y posiblemente a esto se refería Yoani Sánchez. Pero ¿qué hay de gente “cercana” al régimen, de la calle? A esto me refería en mi pregunta. Insisto en que me resulta difícil de creer que “nunca” haya tenido un intercambio de opiniones con amigos, conocidos, la que le vende el pan, etc. En definitiva, gente “cercana” ideológica o políticamente al régimen con la que se pueda hablar. Y no, las dictaduras “de izquierdas” no son menos dictaduras.

      2. Tiene mucho sentido lo que dices de los activistas. Por eso digo a final de mi entrada que no podemos exigir la misma ecuanimidad a quien vive bajo la opresión.

      3. Que estés harto de lo que se dice de la educación y sanidad cubanas no quiere decir que sea un “mito”. Si bien es verdad que, como indica tu enlace, tienen escasez de infraestructuras y materiales, no es menos cierto lo siguiente:
      – Cuba tenía el porcentaje más reducido de mortalidad infantil en los países en desarrollo, según estudios de UNICEF en 2008, quedando en una posición de “país desarrollado”. Cuba había ya logrado obtener en 2007 los índices de mortalidad infantil más bajos de toda su historia, alcanzando a Estados Unidos y sólo siendo superada por Canadá en toda América.
      – Según datos del ‘CIA World Fact Book’ de 2009, la esperanza de vida en Cuba es de 77’7 años (superior a los 77’4 años de Estados Unidos).
      – Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de 2009, Cuba tiene la segunda tasa de alfabetización más alta de toda América.

      4. La preocupación por España es compartida, amigo.

      Gracias por el interés en el blog. ¡Un abrazo y salud!

      • A. Follower dice:

        Creo que habría que distinguir mucho entre activista y periodista, y que es un problema que ambos sombreros coincidan en la misma persona (en especial para El País, su concepción de la independica periodística y en consecuencia para sus lectores). A una periodista desde luego que es exigible ecuanimidad. A una activista no creo que se pueda exigir nada, puesto que tiene una posición “política”. Se podrá estar más o menos de acuerdo con sus opiniones y su juicio, los cuales, con todo el respeto que merecen los defensores de los derechos humanos, quedan en duda con el sectarismo que demuestra a tu pregunta y con sus incapacidades.

        Es incapaz de negar su vinculación económica con el gobierno de Estados Unidos y quiere ser incapaz de exponer en el Congreso de Estados Unidos cómo influye el bloqueo en las condiciones de Cuba. A lo mejor hay una conexión entre ambas incapacidades. No es sólo una cuestión de imagen.

        Por otra parte me falta en el artículo una opinión sobre una posible apertura en Cuba, quizá influida por China, lo que puede plasmarse en que Estados Unidos se esté replanteando el embargo. Con todas sus limitaciones, creo que no casa con la idea de dictadura el hecho de permitir oposición interna, con acceso a Internet y permitiendo viajes al extranjero, incluso a Estados Unidos, así como desbloquar su blog a los cubanos.

  2. alexrdf dice:

    Gracias por tus interesantes aportaciones, A. Follower. Estoy contigo en que conviene distinguir entre la faceta de activista o bloguera y la de periodista. También concuerdo en que es razonable pensar en la “conexión” que señalas.

    En cuanto a tu último comentario, creo que no cabe duda de que Cuba es una dictadura. La oposición interna es constantemente acosada, además de no poder ejercer su derecho de asociación y sufragio pasivo con libertad. Y no es cierto que se permita el acceso a Internet libremente: no es posible para un cubano común contratar Internet en su domicilio sin permiso del Estado, y donde se puede acceder —fundamentalmente en hoteles frecuentados por extranjeros— el precio es prohibitivo y ciertas páginas están censuradas.

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