‘The Gatekeepers’: El escudo invisible de Israel habla por primera vez

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Avraham Shalom (www.cinespect.com)

Si les digo Dror Moreh, seguramente no les suene a nada. Es probable que Shin Bet tampoco. No se trata de personajes de ‘El Señor de los Anillos’, ni de nuevas técnicas de meditación oriental. El primero es un director de cine israelí que ha dirigido hasta ahora dos documentales. El segundo es el organismo interno de inteligencia de Israel (el más mediático Mossad es la agencia de inteligencia exterior), encargado de garantizar la seguridad del estado frente a ataques terroristas, cuyo lema se podría traducir como “El escudo invisible”. Todos sus miembros son secretos salvo sus directores, que no obstante, nunca habían hablado ante una cámara. Hasta ahora.

Dror Moreh ha reunido a los seis ex directores del Shin Bet que todavía viven, los ha entrevistado, y con sus declaraciones ha montado una magnífica cinta, ‘The Gatekeepers’ (‘Los Guardianes de las Puertas’), que se acaba de estrenar en Estados Unidos tras hacerlo en Israel (no hay planes de estreno en España). En Nueva York, sólo la están pasando en el Lincoln Plaza, un pequeño cine independiente. Sin embargo, ha sido muy bien recibida por la crítica. A. O. Scott, del ‘New York Times’ la ha declarado la mejor película documental de 2012, calificándola de “esencial” y “reveladora para aquéllos que crean que entienden Oriente Medio”. ‘The Gatekeepers’ competirá con otras cuatro candidatas por el Óscar al mejor documental el próximo domingo 24 de febrero.

El hecho de que Moreh haya convencido a estos “cancerberos” para aparecer en una película es ya de por sí asombroso. Sólo imaginen la cantidad de secretos de que serán depositarios estos hombres tras haber dirigido durante las últimas décadas la lucha —no siempre limpia— de Israel contra el terrorismo: no sólo el de origen palestino o islámico, sino tambien el interior, proveniente de la derecha religiosa israelí más fundamentalista. Aunque, como dice uno de los protagonistas en la película, el concepto de “terrorismo” se presta a diferentes interpretaciones: “El que para algunos es un terrorista para otros es un luchador por la libertad.”

Si asombroso es que estos seis espías se hayan prestado a hablar, más asombroso aún es la sinceridad y claridad con las que lo hacen. Especialmente teniendo en cuenta que el documental aborda los episodios más sensibles vividos en el Shin Bet —y en Israel— desde la ocupación de los territorios palestinos que siguió a la Guerra de los Seis Días en 1967: secuestros y ataques suicidas con bombas en autobuses israelíes, ejecuciones selectivas —y no tanto— llevadas a cabo por Israel, las dos Intifadas, el asesinato de Isaac Rabin por un fundamentalista judío de extrema derecha… Todo ello con una gran agilidad narrativa. La cinta, que combina las entrevistas a los seis protagonistas con impactantes recreaciones e imágenes de archivo, sigue un orden cronológico que, sin embargo, se altera armoniosamente en ocasiones para desarrollar algunos temas centrales: la tortura, las ejecuciones selectivas, el papel del gobierno o las expectativas de un proceso de paz.

Quizá el entrevistado más interesante sea Avraham Shalom, el anciano con tirantes aparentemente apacible de la fotografía que encabeza esta entrada. Shalom fue jefe del Shin Bet entre 1981 y 1986, cuando tuvo que dimitir tras ser acusado de ordenar y encubrir la muerte de dos prisioneros palestinos que habían secuestrado un autobús. En la cinta no lo niega, se limita a decir que seguía órdenes “de arriba” e, incluso, con la mayor sangre fría, da detalles de cómo se ordenó que a los prisioneros, heridos, se les destrozara el cráneo con una piedra. Cuando el entrevistador pretende inquirir acerca de la moralidad de tales actos, Shalom ataja el asunto rápidamente para sentenciar que, cuando se trata con terroristas, “no hay moral que valga”. Lo más llamativo es que el mismo Shalom, más tarde en la película, califica de “inmorales” determinados ataques con bombas sobre militantes en Gaza, defiende la importancia del diálogo con los “enemigos de Israel” para alcanzar la paz e insiste en la necesidad insoslayable de hablar “con todos, incluido Hamás, hasta con Ahmadineyad”. “No hay alternativa”, dice.

Ciertamente, en casos tan complejos como el de Israel y Palestina no es fácil encontrar “blancos y negros”, como prueban las contradicciones de Avraham Shalom. Quizá su intervención más sorprendente, sin embargo, es aquélla en la que afirma sin tapujos que Israel se ha convertido en una “fuerza brutal de ocupación, similar a la de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial”. Shalom sabe de lo que habla, pues vivió de niño en la Viena de los años 30. Luego aclara que “similar” no significa “idéntica”, y que no se refiere al Holocausto, sino a la ocupación nazi de Holanda, Polonia o República Checa, pero el tabú ya está roto. Y vaya por quién. Otro de los ex jefes del Shin Bet, Carmi Gillon, abundando en la misma idea, afirma: “Estamos haciendo insoportable la vida a millones de personas, prolongando su sufrimiento humano… no puedo con ello”. Volviendo a Shalom: “Nos hemos vuelto… crueles. También con nosotros mismos.”

‘The Gatekeepers’ es un documental apasionante, que invita a la reflexión y a la revisión de ideas preconcebidas. Las declaraciones de los protagonistas son extremadamente valiosas —por quién las pronuncia— y, en su mayoría, cuentan con una incalculable potencia para los que, desde fuera de Israel, quieren (queremos) entender el conflicto y los que, desde dentro, están dispuestos a abrir los ojos. El cuadro que pintan estos testigos excepcionales del pasado y presente de Israel es desolador. Como destacó Mario Vargas Llosa en un reciente artículo, una frase de uno de los entrevistados lo resume bien: “Ganamos todas las batallas, pero perdemos la guerra”. En cuanto al futuro, queda claro, tras escuchar a los seis ex directores del Shin Bet, que ha sido puesto en peligro por los sucesivos gobiernos de Israel al negarse a hacer la paz. Hasta el punto de que, otro de los participantes, al comentar el asesinato de Isaac Rabin —que fue quizá el único dirigente israelí que intentó de verdad la paz con los Acuerdos de Oslo— afirma: “No será el último asesinato político en Israel. Ocurrirá otro cuando tengamos que retirar a los colonos de Cisjordania”. ¿Habrá alguien capaz de evitar que la historia se repita?

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